Una flatulencia se escapa de la panza de un niño que de inmediato reniega de ella, echándoles la culpa a los otros de ser los autores de su mal olor. Enojado, el “gas” se expande por toda la casa, se mete en el perfumero de la mamá y en todos los rincones de su habitación, juguetea con el perro, hasta que una flor se enamora de él y, ya juntos, expanden sus aromas por toda la tierra.
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