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Y había otro rey...
Esto sucedió hace más de 2000 años, cerca de una ciudad llamada Zimbambue. Ahí existía un reino muy pequeño, tan pero tan pequeño, que casi nadie sabía de su existencia.
Un día, el rey Astarith se hallaba descansando plácidamente en el jardín de su diminuto palacio, cuando vio pasar a tres viajeros con aspecto de personajes muy importantes. Uno iba montado en un elefante, otro en un camello y el otro en un caballo.
Muy interesado en la extraña caravana, Astarith preguntó:
-¿Quiénes son ustedes? ¿A dónde se dirigen?
-Somos Melchor, Gaspar y Baltazar, tres Reyes Magos de Oriente que seguimos aquella estrella tan brillante que apareció en el cielo.
-¿Por qué, mi señor?
-Porque nos vino a anunciar una gran buena nueva. Y, perdónanos, pero ya nos vamos, pues nos queda mucho camino por delante.
Astarith, muy interesado, los quizo seguir, ya que también quería enterarse de la buena nueva. Rápidamente montó en su cabalgadura que era un asno muy viejo, pero aún guapo, y se echó a andar por el camino en pos de los tres Reyes Magos, mas ya no les vio ni el polvo.
Abatido, ya estaba a punto de regresarse, cuando en el cielo apareció una fulgurante y hermosísima estrella. El burrito también la vio; y, entusiasmado, empezó a cabalgar sin cansarse.
Después de dos días y tres noches, Astarith y su burrito vieron que la estrella se detenía sobre un humilde portal.
-Pero... ¿qué habrá aquí? ¿Cuál es la buena nueva? -se preguntó el rey, y, al acercarse al portal, su sorpresa fue mayúscula, pues lo que vio fue, que en un pesebre, se encontraba un Niñito recién nacido, acompañado de su madre y su padre.
Los tres Reyes Magos que Astarith había visto pasar frente a su palacio, se encontraban postrados de rodillas ante el Niño y le entregaban regalos consistentes en incienso, oro y mirra.
Astarith desmontó de su burrito, el cual acudió de inmediato junto al Niño, uniéndose a los Reyes, pastores y animalitos que lo rodeaban. Por cierto, el burrito que se pone en el Nacimiento navideño, ¿será el de este rey?
La fulgurante luz de la estrella iluminaba la conmovedora escena. Asombrado, Astarith se acercó a uno de los pastores.
-¿Qué pasó? -quizo saber-. ¿Quién es ese Niño? ¿Cuál es la Buena Nueva?
-La Buena Nueva es que ese Niño es Jesús, ¡nuestro Salvador! -respondió el pastorcito-. ¡El Hijo de Dios! La luz de la estrella nos ha conducido a todos hasta acá.
Emocionadísimo, Astarith también se hincó al lado del pesebre. No llevaba ningún regalo, pero le dijo al Niñito:
-Gracias por haber venido al mundo, dulce y divino Niño Jesús.
Al escuchar estas palabras, y como si hubiese comprendido, el Niño miró hacia Astarith y le dirigió una sonrisa que a él le llegó al alma, haciéndolo muy felíz.
¡Qué la luz de nuestro Salvador llegue a todos nosotros y también nos llene de felicidad!
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