|
|
La hermosa falda de Jane.
Había una vez una niña a quien al nacer sus padres pusieron por nombre Juanita, pero ella decía llamarse Jane, pues le sonaba más elegante. Sus padres tenían mucho dinero debido a que su fábrica de zapatos había tenido muchísimo éxito, mas el papá nunca olvidaba que había empezado como zapatero remendón, aunque Jane de eso ni se acordaba y trataba a todos como si ella fuese lo que más importaba en el mundo, llegando a ser muy grosera en su trato.
En una ocasión, cuando Jane tenía diez años de edad, llegó a la mansión de la familia una viuda con muchos apuros económicos, ya que tenía seis hijos pequeños que sostener. Fue a ofrecer sus servicios como costurera, llevando varias muestras de su excelente trabajo, siendo aceptada de inmediato y dándole una habitación para que pudiera vivir con sus niños mientras ahorraba suficiente dinero para una casita propia.
La costurera era muy buena, no sólo en su trabajo, sino en el trato con los niños, así que muy pronto se dio cuenta de la actitud altanera de Jane y propuso a los papás de ésta un experimento para tratar de corregirla. Ellos estuvieron de acuerdo y pronto se pusieron manos a la obra.
Cuando Jane a gritos expresó su deseo de tener ropa nueva porque la que tenía "ya no estaba a la moda", la costurera le sugirió varios modelos de vestidos, blusas y faldas, mostrándole unas telas de calidad exquisita.
A Jane todas las telas le parecían corrientes, no dignas para ella, que era "tan importante", pero al final la costurera logró que aceptara diseños y telas, faltando tan sólo la tela para una falda muy muy bonita, para la cual (a propósito) ningún género era adecuado.
-¡Eres una inútil! -vociferó Jane muy enojada-. ¡Haré que mis padres te despidan!
-No señorita, por favor -suplicó la costurera con fingida angustia-. Necesito mucho el trabajo.
-¡La tela para esta elegante falda es espantosa! O me consigues algo bueno o... ¡te vas!
La costurera se quedó muy pensativa y los ojos empezaron a llenársele de lágrimas. De pronto, el semblante se le iluminó.
-Señorita Jane, tengo una tela increíble y maravillosa que guardaba para el vestido de graduación de mi niña mayor; pero no, no se la puedo dar, es de mi hija y nada más de ella.
-¡Pero yo soy mas importante! ¡Enséñamela!
-No...no puedo.
-¡Te lo ordeno! ¡Aquí se hace lo que yo mando!
-Está bien señorita, aunque debo advertirle que se trata de una tela muy especial, tejida por varios magos conocidos de mi difunto esposo. Es de un color y de una calidad tal, pero tan magnífica que sólo puede ser vista por las personas inteligentes y que conocen su lugar en la vida.
-¡Déjame verla ya! ¡De inmediato! Yo sí la veré, estoy segura, pues soy la niña más inteligente del mundo y sé que mi lugar es ser la más importante.
-Está bien, señorita, se la enseñaré porque tengo mucho miedo de lo que podría pasar si la contradigo.
La costurera se acercó a su armario y de la parte más alta sacó una caja. La abrió e hizo el ademán de mostrar a Jane su contenido.
-Aquí la tiene -dijo con una expresión de gran admiración.
Jane se quedó desconcertada, ya que no veía que hubiera sacado algo de la caja.
-La ve, ¿verdad, señorita? Claro que una persona tonta no vería nada, pero usted es muy inteligente.
Jane pensó "tengo que decir que veo la tela, si no esta señora va a pensar que soy tonta".
-Sí, claro, ¡y qué colores! ¡qué tela tan bonita! Dámela para mi falda, mis padres te recompensarán muy bien.
-Sí, señorita, le haré la falda con esta tela, pero tardaré un poco, pues es muy delicada y difícil de trabajar. Yo creo que en una semana o dos estará lista.
Todos los días, al regresar de la escuela, Jane iba a ver a la costurera, a quien siempre encontraba trabajando en la máquina de coser, muy atareada y concentrada en su labor. Cuando ya había transcurrido una semana, Jane estaba sumamente impaciente.
-¿Cuándo vas a terminar? Yo no veo ningún progreso.
-Ya casi, señorita. Note que faltan únicamente los últimos detalles -dijo la costurera señalando la vacía mesa de trabajo-. ¡Mañana mismo estará lista!
Al día siguiente, en cuanto pudo, Jane fue a ver a la costurera.
-¿Ya?
-Sí, señorita. ¡Héla aquí! -contestó la "emocionada" costurera, señalando hacia un gancho vacío colgado de la pared-. Quedó preciosa, elegantísima. La podrá usar en su fiesta de cumpleaños. Usted me avisa cuando se vaya a preparar y yo misma la ayudaré a arreglarse. Pero recuerde que su falda la podrán ver sólo las personas inteligentes, y si alguien no la ve es un tonto.
El día de la fiesta, a la hora adecuada la costurera subió a la habitación de Jane para ayudarla a vestirse y ponerse "la falda", haciendo grandes aspavientos sobre su elegancia. Muy orgullosa, Jane bajó a la fiesta cuando ya los invitados estaba reunidos. Su mamá ya había advertido a todos del plan, así que estaban preparados.
Cuando Jane bajó, todos hicieron grandes exclamaciones de asombro sobre la magnífica falda. Jane estaba muy orgullosa y se pavoneaba con gran deleite. En eso, que se oye una llamada a la puerta, eran dos niñas y un niño, compañeritos de escuela de Jane, acompañados de la hermanita de dos años de edad de uno de ellos. Esos niños no habían sido invitados a la reunión, mas Jane había estado alardeando de su maravillosa falda que sólo los inteligentes como ella podía ver, y claro que los niños tenían muchas ganas de verla.
Cuando Jane se aceró a recibirlos, caminando muy oronda para lucir su falda nueva, los tres niños se quedaron mirándola con la boca abierta.
-¡Ah, oh! -exclamaron al unísono-. ¡Es increíble, qué falda tan hermosa! -exclamaron, ya que ninguno quiso pasar por tonto si decía que no veía nada.
-¡No es chierto, no es chierto! -chilló la niñita chiquita- ¡Esa niña está en chines, no tiene "pusida" ninguna falda!
Todos los asistentes se quedaron asombrados, pues sólo esa pequeñita había tenido el valor de declarar la verdad. Jane se sintió muy avergonzada, pues había estado a punto de salir a la calle a lucir su "exquisita" prenda, salvándose por un pelo de un ridículo mayor.
Desde esa ocasión, Juanita, quien ya no quería que la llamaran Jane, cambió su forma de ser, ya que se dio cuenta que con ser altiva y presumida siempre quedaba mal y pronto se quedaría sin verdaderos amigos.
Es bueno sentirnos bien con nosotros mismos, pero nunca pensar que somos más que los demás, ni que tenemos derechos que no nos pertenecen.
Colorín, colorado, este cuento ya lo hemos terminado.
|
|
|
|
Cuentos de la abuelita:
Un milagro más.
Chuchiux pluma silenciosa.
El pobrecito cero.
Día de las Madres.
Rorro.
Raux.
Y había otro rey...
El marcianito.
La muñeca sin cabeza (Bambo Blu).
El miedo de Lupita.
La hermosa falda de Jane.
Ranicienta.
Los patitos.
La letra viajera.
La muelita triste.
Jorge y el caballito.
La niñita preguntona.
|
Dibujos enviados por los niños de México:
Kathya,
5 años, Cosoleacaque, Veracruz
Moramay,
7 años,
Ciudad del Carmen, Campeche
Carolina,
11 años,
Ciudad del Carmen, Campeche
|
Cuentos enviados por los niños de México:
La gorra mágica
La primavera llega a la ciudad
Nain, 5 años, Cosoleacaque, Veracruz
|
|